lunes, enero 30, 2012

Toda belleza tiene caducidad menos la locura.


¡Instante sagrado y fugaz,
detente, eres tan hermoso!
¡Dame la eternidad!

Fausto

(I parte)

Hace unos días hablé con Ovidio Pastora. El poeta escribe un manuscrito en la capital imperial y togada de los bárbaros del norte. Lo invitó la universidad de Georgetown a repensar a ciertos teóricos de la condición humana. Se ha entretenido con Hanna Arendt y su concepto del mal banal. Estudiar al mal, afirma, es como construir un edificio pero al revés. Dejas los acabados al interior y la primera vista son los cimientos, esa obra negra, terrible pero necesaria.

¿Es el mal necesario? La pregunta ofende, la necesidad sólo se da en el ser y el mal es la ausencia de ser. Baratijas metafísicas me dice Pastora, como poeta mi verdadera intención es la apariencia de todo esto, la forma, la estética pues. El mal ¡vaya que tiene estética! me avienta en cara. No me gusta hablar del tema, los abismos de la condición humana me traen escalofríos.

Cae la tarde y es viernes, y la tarde de mi estudio en Coyoacán es demasiado cálida. Le pregunto por su dama y me refiere como siempre a un poema. Uno de tantos que le ha escrito ese día en un rato de ocio mientras olvidaba a Arendt. Que terrible es desmenuzar un poema me dice. Uno empieza a leerlo y el disfrute está en terminarlo. Estudiar sus estrofas y sus síncopas es como destazar a la musa. ¿A poco no es así todo el arte? Tomemos la danza, sólo mientras se baila existe. O la música, cuya presencia se anuncia en verdad cuando los sonidos y silencios se queman en el deseo. Lo demás es academia, teoría, anteojos y ojeras, cosas feas. Acostumbrados demasiado a ver, pensamos que mirar el arte en la pintura y la escultura es quedarse quietos. Nada más alejado, es luz que juega y le habla en todos los susurros del espectro a las pupilas. Secretamente sabemos que todo arte es infinito, no porque no acabe sino porque sólo vive en el presente.

Me dice Ovidio Pastora: El poema sólo existe mientras lo leemos. Como el beso, o como el suspiro… como la muerte, que se presiente sólo mientras se vive.

Cont…

Rafael Tobias

viernes, enero 27, 2012

Poemas japoneses a la muerte...


Oh, jóvenes,
Si teméis a la muerte,
¡Morid ya!
Si morís una vez,
No volveréis a morir.

Hakuin (1685-1768)

lunes, enero 23, 2012

Contra los tiranos de la Lengua


En Mayo del año pasado remití una misiva a Maclovio sobre los cambios que apuntaba la RAE a la lengua española (http://www.elpais.com/articulo/cultura/i/griega/llamara/ye/elpepucul/20101105elpepucul_9/Tes).

El propósito informativo, la respuesta inflamatoria. Maclovio Colunga es un tipo anacrónico de tez a pies, así como presume que a sólo Dios da y recibe cuentas. Para él, tamaño atrevimiento de cambiar así de un plumazo la bella lengua es una infamia. Aquí les dejo su carta, la cual amenaza clavar en las puertas de la sede de las letras hispanas. RTobias.

Salvador Gutiérrez Ordóñez


"¿Quién coordina la Academia? ¿Alguien tiene un contacto? Necesito redactar una carta y no sólo (con tilde en la "o") enviarla a la famosa Academia, sino más bien entregarla en mano del famoso Salvador Gutiérrez Ordóñez (a quien de paso le pediré que empiece a exiliar los acentos de sus apellidos patronímicos; de todos modos ya todo mundo los sabe pronunciar como vienen y sus tildes resultan ociosas). Despotrico con desacuerdos y molestias, y expongo mis fundamentos a continuación: 1.- ¿Ye? ¿Qué vulgaridad es esa? ¿Por cuestiones fonéticas? Qué salvajada... ¿Y el origen histórico de las cosas lo vamos olvidando conforme la cacofonía nos invade y nos carcome? Mi apellido lo escribo con y griega, y puede que siga siendo el último tipo en la tierra que lo haga, pero seguiré llamándole a esa letra "y griega" por miedo a sonar como un profesor de álgebra de la secundaria. 2.- La "che" y la "lle" ya no forman parte del alfabeto (que no sé por qué le llaman "alfabeto", siendo esto un "helenismo" obsoleto y anacrónico... abecedario es más "chic") desde hace tiempo; en todo caso, la ignorancia de la novedad es imputable al de la pluma (disculparán ustedes). 3.- Antes había que acentuar los demostrativos (siempre) y el "sólo" (solamente) cuando hubiera riesgo de ambigüedad (me monto en el macho, si no es molestia). ¿Por qué dejar la posibilidad de confusión o el riesgo de interpretación al criterio del lector? Creo que a veces conviene dejar las cosas claras. En todo caso, es bueno saber que si uno la caga la culpa RecAE directamente sobre Chava Gutiérrez Ordóñez... 4.- Se elimina el acento en la "o" entre cifras, "quesque" porque las computadoras ya distinguen entre 0 y o. Muy bien. ¿Entonces ya está proscrita la escritura a mano? Prière de ne pas mâmer... 5.- Catar y no "Qatar". "Cuórum" y no "quorum" (yo siempre he escrito "quórum"; así que, por mi híbrido lenguaje, pido disculpas al señor de los apellidos maltildados). Resulta que si ahora uno quiere seguir poniendo Qatar y quorum (o "quórum", imagino que también le aplica), habrá que hacerlo en cursivas para enfatizar el "extranjerismo". Muy bien: tomo nota. Pero eso sí, agradezco (en passant, ahora que los extranjerismos ya no estorban) a mi querido amigo el Ralfis de Haro, quien un día me hiciera notar que la riqueza de la lengua inglesa, en parte, se debía a su aceptación de los vocablos ajenos. Así pues y como colofón, quiero rendir un austero reconocimiento al señor Gutiérrez Ordóñez por su comunión con George Orwell al enfatizar la utilidad de la neolengua (y querer de pronto convertir al castellano en su primer bastión) y también agradecerle por afanarse en hacer de este glorioso idioma una lengua pragmática y sin complicaciones. No dudo que este hombre hable y escriba bien el esperanto. Nota cultural: Los franceses se enardecieron un día que su academia tuvo la osadía de avisar que se suprimía el uso del acento que ellos llaman circumflex, que en la mayoría de los casos subsiste en recuerdo póstumo de la anterior existencia de la letra "s" en ciertas palabras, tales como: "hostel" (ahora "hôtel") "fenestre" (ahora "fenêtre") y "hospital" (ahora "hôpital"). En efecto: así de fieros defensores de su lengua son los franchutes. ¿Qué harían, me pregunto yo, con un sujeto tan infecto como Gutiérrez Ordóñez? Saludos enfurecidos, que les mando rabioso desde tierras muy secas...

MColunga.

domingo, enero 22, 2012

El ítem de la negritud... y un comentario sobre los despiadados esclavos-amos


Alexandre Dumas padre (hijo del general Thomas Alexandre Davy de la Palleterie, primer general mulato del ejercito francés), fue un tipo particularmente mordaz. Si habláramos la lengua del Albión, diríamos con mucha precisión que era un witty fellow, y si recordáramos la gran obra de Patrice leConte -ya citado no hace mucho en este blog- afirmaríamos sin chistar que el señor Dumas avait de l'esprit.

Su condición de mulato en los altos círculos sociales y literarios de la Francia de la primera mitad del siglo XIX dio muchas veces lugar a que el joven escritor fuera, por lo pronto en lo verbal, agredido, despreciado y denostado por sus coetáneos.

Un día un infame, creyéndose ingenioso, lo enfrentó de forma (no tan) veladamente ofensiva:

- Por cierto, querido maestro, usted debe saber bastante de negros…-

- ¡Pero claro! – respondió en el acto el literato – mi padre era un mulato, mi abuelo un negro, y mi bisabuelo un simio. Como puede usted ver, mi familia comienza donde la de usted termina –.

No sé francamente, pues yo no estaba ahí, quien habrá podido animarse después, en esa misma velada, a decirle al mulato escritor algo acerca de sus pelos tan cambujos…

Antes de recordar lo que a continuación se describe, conviene sin duda afirmar que la esclavitud (incluso en nuestros días, cuando legalmente ha sido abolida en gran parte del globo, y que a pesar de ello sigue partiendo los corazones de muchos infelices) debe ser, en cualquiera de sus manifestaciones, sólida y firmemente combatida... aunque decir esto sea tan perogrullesco como esgrimir que hay un derecho humano a manifestar las opiniones; y que, más en el sentido de lo nuestro, hay pocas cosas tan dignas de vergüenza en la historia de la humanidad como esa afición milenaria de los hombres por privar a sus iguales de la libertad... una de las pocas cosas - junto con las flores - por las que vale la pena vivir.

Alejo Carpentier, impecable escritor cubano de origen francés, relata en "El reino de este mundo", muy a su fantástico, particular y embrujador modo, las peripecias vividas por un ex esclavo negro de Haití al momento en que la isla es tomada por los negros, y el poder de forma súbita arrancado a los franceses por quien después se convertiría en el rey Christophe; aquel mismo rey Christophe que formaría una irrisoria y efímera corte de nobles negros (blanco de carcajada de los círculos contemporáneos de París); aquel que avocaría gran parte de su reinado a construir un castillo inalcanzable en lo alto de una montaña -por esclavos nuevos: ex esclavos de blancos, nuevos esclavos de un rey negro antillano-.

La queja que Carpentier pone en labios de uno de los personajes centrales de la novela es, como poco, escandalosa; el reclamo es de igual forma, a su vez, revelador de que quizá Rousseau se equivocaba un ápice, y que el ser humano está lejos de ser en su esencia un bon sauvage:

"... Peor aún [dice un esclavo al momento en que maldice su suerte], pues había una infinita misera en la de verse apaleado por un negro, tan negro como uno, tan belfudo y pelicrespo, tan narizñato como uno; tan igual, tan mal nacido, tan marcado a hierro, posiblemente, como uno..."

Me dan ganas de ser más contundente, ahora que transcribo de nuevo esta desconsoladora frase del genio cubano, sobre la posición de don Jean Jacques Rousseau (padre desnaturalizado, él mismo, de niños atados a patas de mesas de palo), y se me antoja decir que no es que el suizo quizá se equivocara sobre la bondad del hombre. Me place afirmar que -y que se me perdone la ausencia de modestia - el autor del Contrato social se encontró en su postura en el centro del error: la maldad del ser humano puede alcanzar horizontes insondables.

Maclovio Colunga, Sans-Souci, enero de 2012.

viernes, enero 20, 2012

La risa y lo grotesco




“Hay personas que son insolventes… porque son incapaces de indemnizarnos por el tedio que nos provocan”.

Guillermo Tovar y de Teresa

Schopenhauer, el filósofo del pesimismo más famoso de la cultura tudesca, estaba convencido de que los estados más insoportables para el hombre eran, en principio, dos: el de la extrema miseria y el del tedio absoluto. En sus Aforismos sobre el arte de saber vivir, Schopenhauer nos afirma que ninguno de estos estados es manejable. La miseria lleva a aquellos que son incapaces de solventar sus necesidades básicas a la desesperación y, quizás, incluso a la muerte (por inanición, por ejemplo). Por su parte, el tedio que pueden experimentar aquellos que tienen todas sus necesidades básicas, e incluso las secundarias, perfectamente cubiertas, puede surgir de una vida en la cual se ha perdido la capacidad de asombro y la posibilidad de disfrutar cualquier tipo de placer – recordemos el lamentable caso del estoico barón de Teive – o que, al encontrarse frente a su vacía soledad, se dan cuenta de la infinita pobreza de espíritu que les acongoja. El que sufre de este horrible tipo de tedio puede, en un caso desesperado, solucionar su problema con una única respuesta: el suicidio.

La risa puede, ante este desolador escenario, convertirse en el remedio más eficiente contra el spleen, como le llamaron los ingleses a este doloroso estado de ánimo. Hay personas y situaciones que hacen reír a su pesar. Existen sujetos, por su parte, que gozan de la envidiable capacidad de resaltar las características grotescas de estas situaciones y de estas personas, y que logran con este atributo arrancarnos brutales, desenfrenadas e histéricas carcajadas.

Patrice leConte nos relata, en su película Ridicule, la vida al seno de la corte del último rey de los franceses, a finales del siglo XVIII. Un noble de una provincia lejana cuyas tierras se han convertido en pantanos por problemas de ingeniería, decide ir a la corte a convencer a Luis XVI de ayudarlo a poner solución a lo que provocaba muertes e infertilidad en sus campos. La única forma de obtener el favor del monarca, nos hace ver leConte, es demostrando el valioso esprit, esa mordacidad que en la isla del norte llamarían a su vez wit, y que sería tan aplaudida en personalidades como la de Beau Brumell y Oscar Wilde. El provinciano, apenas llegado a palacio, se convierte en blanco de burlas. No obstante, pronto entiende el juego y logra hacerse famoso por su mordacidad e ingenio. El marqués de Bellegarde, quien lo adopta como pupilo para mostrarle las artes del comportamiento exquisito en el círculo de Versalles, le aconseja como fórmula indispensable para que el esprit luzca en todo su esplendor tener cuidado de nunca reírse de sus propios chistes.

Se sabe que la humana no es la única especie que puede sobrellevar la tragedia de la existencia con risas esporádicas. Se ha detectado que los simios, los perros y los delfines, por mencionar algunas criaturas, reaccionan a situaciones que les divierten o les resultan placenteras con ruidos semejantes a las risas humanas. Sin embargo todo esto, a nosotros – en nuestro egoísmo de especie soberbiamente autosuficiente –, no nos quita el sueño ni las ganas de comer.

A pesar de todo, lo grotesco debería en primer plano asustarnos o causarnos rechazo. Los bosquejos que Honoré Daumier hiciera de los personajes notables de la sociedad francesa del siglo XIX son meridianamente grotescos, y sin embargo, en una segunda lectura, resultan perfectamente risibles. Lo mismo pasa con las pinturas de Ensor, que podrían ser frívolamente calificadas de escalofriantes, y que con el debido análisis de quien está condenado a despertar todos los días en el ridículo girar del mundo, se convierten en cómicas imágenes de seres despreciables.

Afortunadamente, no necesitamos buscar desesperadamente en los museos o en los coffee table books la provocación a la agradable y placentera carcajada originada en el ridículo. Los personajes de la vida real, como ya adelantábamos, pueden ser blanco fácil de candonga y sardónica mofa. Aquellos seres que se toman demasiado en serio y que no toleran la burla, pues no tienen la potencialidad de tomarse a sí mismos un poco en broma, son los elementos ideales para hacer reír a quien disfruta de lo grotesco.

Guillermo Tovar y de Teresa, cronista emérito de la Ciudad de México y seguidor incondicional de la filosofía schopenhaueriana, recalca que sólo estas imágenes – las más grotescas de todas – pueden hacerle reír. Surgido hace algunos años el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México por iniciativa suya, comenzaron sus integrantes a reunirse periódicamente para atender los asuntos que les atañían. Una de las primeras reuniones se llevó a cabo en la casa de don Guillermo Tovar en formato cena. Uno de los miembros de la Crónica, un celebrado escritor de izquierdas recientemente fallecido, no tardó en monopolizar la plática para abundar en piropos dirigidos a su ilustre trayectoria. Su soberbia y su autocomplaciente tono, su vanagloria y el abordaje sublimador de sus propios méritos, pronto hicieron reír al Cronista Emérito. Éste no pudo más: víctima de un ataque de risa que le hacía ya descoyuntarse por momentos, tuvo que comerse la servilleta y correr al baño para carcajearse a solas con el fresco recuerdo del episodio más grotesco que había presenciado en mucho tiempo.

En el libro de la risa y el olvido, Milan Kundera nos cuenta la historia de una mujer que deja su país para huir del brazo rojo del comunismo. Trabajando en Francia como mesera, la protagonista de la novela sirve casi diariamente la mesa a un grupo de poetas que se reúnen a hablar de sus creaciones. Beodos consuetudinarios, ebrios patéticos, los poetas logran – al menos momentáneamente – hacer a la mesera olvidar la tragedia de su vida con risas que le surgen al presenciar lo tragicómico.

Erik Hartman, personaje de Tom van Dyck, era pretendidamente un conductor de un programa de televisión flamenco dedicado a mostrar al público, en vivo, problemas de la sociedad. Un buen día se abordó el delicado asunto de la mala praxis médica. Como invitados especiales, Hartman recibió a Mariijke, una mujer que había quedado cuadripléjica por la torpeza de un médico que la había querido operar de un tumor benigno que la aquejaba, y a Valère, un hombre cuyas cuerdas vocales habían sido erróneamente manipuladas por otro galeno mentecato para dejarle una vocecita chillona y endeble. El video grabado de la transmisión fue difundido por Internet. Hartman, divertido a su pesar – pues el programa precisaba toda su seriedad y comprensión para con los afectados – no pudo impedir burlarse de la voz que le salía a Valère de la garganta. Lo grave del asunto radicaba en la obligación del conductor de permanecer en su asiento. La prohibición de reír por algo que no debía ser motivo de chasco le dio a Hartman razones adicionales para terminar desternillándose de risa.

La risa provocada por la contemplación de lo grotesco es, sin duda, la más cruel de todas; pero no podemos negar que esta forma de risa es, también, la que más nos hace gozar

Maclovio Colunga. Ciudad de los Palacios, invierno de 2011.


miércoles, febrero 09, 2011

100


Hace varios años ya que empezamos este diario de fatigas. Correspondencias que van y vienen en un devenir donde los silencios son lo más importante, quizá por eso escribamos tan poco y siempre, solamente, de madrugada.

Entre los silencios están nuestros pensamientos más terribles, nuestras máscaras más grotescas, el baile del tugurio que agota y no sacia. También están el día a día, el sol que amanece y la tarea que hay que cumplir para que haya pan y licor amargo en nuestras mesas. Las risas de los amigos, los sueños de alcobas que han aprendido a despertarse juntos y la lectura sorpresiva de la página de farándula. Está la anécdota de la existencia que no vale palabra alguna porque su himno es el silencio, que se lleva todo al sueño del vacío. Una vida común que acaba en el sueño de otro que tampoco será recordado y así sucesivamente.

¿Para qué escribir? solo para contar historias. El placer de contarte a ti que me lees sospechoso.

Conmemoramos nuestra entrada 100 con una sola frase que resume la existencia de este blog...

"Todos quisiéramos ser detectives salvajes y que alguien como Bolaño nos escribiera..."

RT

domingo, diciembre 19, 2010

"La tristeza es tu peor enemigo."

Parece verdad de panfleto y máxima de libros rosas, pero quizá es tan importante saberlo que vale la pena publicarlo en donde se pueda:
"La tristeza es tu peor enemigo."

Aliado de los peores vicios y amargo de todas las lágrimas (hay lagrimas dulces), la tristeza es la enfermedad más sutil y dolorosa del alma. Es una contradicción con una sola paradoja: la melancolía, territorio de poetas y músicos cuyo genio ha logrado encontrarle un sentido para salir de ella.
En este diario de desvelos se habla mucho de saudades (el arte portugués de sentir la melancolía), y siempre de madrugada el corazón del trasnochado autor se expresa en fados. Respeto la manía de inspirarse en el frío de la horas diurnas, aunque me parezcan resabios de oraciones en viejos conventos que nunca conoceré.
Por mi parte hago una declaración que sólo a mi me importa: nunca escribo triste. Siempre escribo después de la tristeza. Durante ella sólo existo como en el vacio y mi existencia afirma vivir para la nada. El diálogo con la tristeza es cantarle a la muerte.
Termino mi incursión en esta bitácora con un epílogo a mi carrera de letras:
"Salir de la tristeza para vivir el instante, instante en el que te escribo para que en estas letras de alguna forma, te reconozcas."
Eleuterio Salvatierra, desde una Lisboa eterna y siempre leal.


martes, diciembre 14, 2010

miércoles, octubre 27, 2010

Escribir como exorcisar



"o, beware, my lord, of jealously!
It is the green monster which doth mock,
The meat if feeds on."
Iago. Act III, Scene 3.
Othelo, Shakespeare



Así como el hombre entra a la política porqué siente que algo le falta, el escritor realiza lo suyo porque siente que algo le sobra.

Algo incómodo o algo que lo asfixia, a veces algo como una sonrisa o una lágrima.

Nuestro gremio es el de las soledades concurridas que piensan en escribir para ver si en alguna letra se queda aquello que las acompaña como sombras de medio día.

Hoy por ejemplo no aguanto la bola de pelo en la garganta; quizá sea un corazón roto que busca caerse de nuevo. Quizá sea la esperanza que se asfixia.

Diría algún verso:

"Cenizas y soles que caen, angustía de colibrí que no vuela demasiado rápido"-

Todos nuestros versos, todos para exorcisar una idea, un aroma o una cabellera negra.

Este que no es verso, para exorcisar los celos; celos de un idioma extranjero y de un fantasma que no conozco pero me acecha como sombra de medio día.

Rafael Tobias

viernes, octubre 01, 2010

Zamba para no morir



Que grande era Mercedes Sosa. Tan grande como los poemas de los poetas latinoamericanos que se recitan en la primaria cuando le da a uno por concursar y a los padres por aplaudir.

Escribir es un acto que requiere un pretexto y el mio es la Negra del Uruguay. La que no conocí sino hasta que ya estaba bien muerta.

Pienso en Uruguay y pienso en Paraguay y pienso en ella, la que olvidé para que me olvidara y hoy esta por acordarse de un tipo gordo para siempre.

Pienso en la tristeza del abandono y en los corazones rotos. En los olvidos y los "ya me acuerdo"...

Escribir es un acto de soledad y por ello le hace el amor a la noche fácilmente. La noche siempre esta sola, de sol y de gente, los nocturnos no somos gente sino sombras que alguien escribe, somos pensamiento que se vuelve sueño solamente.

Que grande es escribir para acordarse de Mercedes y de los amores peregrinos, en cualquier noche, que cualquier es buena para cantar las saudades y los ayeres. Uno envejece mientras duerme; la noche es eterna.

Rafael Tobias

miércoles, julio 28, 2010

Autorretrato



Me acuerdo que se reborujaba el pelo chino con cierta desesperación. Estaba de pie, muy erguido. A alguien esperaba frente a una iglesia que parecía estar en completo abandono desde épocas inmemoriales. Se entretenía mirando con expresión burlesca a las personas que iban pasando. Fue tanta la curiosidad que me causó su ridículo atuendo que me detuve unos minutos a analizarlo, escondiéndome detrás de un mezquite.

Se trataba de un tipo más bien narizón y de cara un tanto larga. Se había atrevido a ponerse un traje de terciopelo rojo – como el del tío Francis, pensé – y se apretaba el cuello con una corbata muy delgada. Demasiado delgada. Por el bolsillo superior del saco le asomaba, en desorden, un pañuelo de rayas rosas y azules. Creo acordarme que de un momento a otro se empezó a poner nervioso, y en su inquietud de pronto recargó la suela del zapato derecho sobre la pared que le quedó más cerca. Se rió, tal vez al darse cuenta que imitaba la famosa postura de la garza, y sin querer enseñó un calcetín que cazaba con el diseño del pañuelo de colores. La ridiculez de su vestimenta – decidí en ese instante – podía pasar por divertida. Creo que fue cuando yo estaba llegando a esta conclusión que me vio. Su expresión había pasado de lo burlesco a lo melancólico. Me miró durante un tiempo que yo juzgué demasiado largo. Luego, mientras se ajustaba las mancuernillas con gesto que quería disimular su nerviosismo, se volteó y caminó hacia la banqueta, alejándose de donde yo estaba. Con fingida calma se subió a una motoneta gris, vieja pero simpática, y se fue zigzagueando entre los coches.

Diez años después lo volví a ver... y lo reconocí. Estoy segura que él también me reconoció a mí. No sé si en verdad haya borrado ese momento de su mala memoria, pero algo me dice que se niega a aceptar que me recuerda.

Hoy lo conozco bien. Pero aquel día, afuera de la iglesia, nunca hubiera creído que ese joven que se paraba como garza fuera tan corajudo y tan atormentado. Un sujeto que me pareció a primera vista nervioso resultó ser un gran aficionado a postergar sus obligaciones y un experto en prolongar las horas de la mañana recargando la cabeza en la almohada. Sin embargo, su carácter es contradictorio: así como puede ser de una pasividad absoluta y alarmante, cuando está de buen humor es capaz de sentarse a escribir frente a la computadora durante días, descansando solamente para leer algunas páginas que alumbra con la tenue luz de una lámpara adornada con pelos de chivo.

Maclovio Colunga (DdY)

sábado, febrero 06, 2010

5am




Solo sé escribir de madrugada, siempre pensando ser ese sol que quiere levantarte de un sueño que no has tenido, pensando en la curiosidad de la noche que no tuviste, el insomnio que te abraza después del pecado.

Me propongo ser para todos los que leen perdidos estas líneas, para todos y en especial para ti a quien no conozco.

Para los enamorados que duermen sin soñar y para los que sólo sueñan, aunque nunca duerman.

Para el que las cinco madrugada es una hora compartida de soledad tan concurrida.

Para ella a quien olvidé y que no puede olvidarme. Para quien ya me olvidó y estas líneas siempre han tenido su nombre.

Para el amigo, para el que me detesta. Para ti que no te importa y para el que cree que ya esta cansado. La fatiga también es inspiración.

RT




lunes, octubre 26, 2009

Evadir la ausencia

Ciertamente estos versos no me van a comprar una revolución.

Pero quizá en una botella sirvan para un cocktail molotov.

La lógica no sabe un carajo. Duele más lo que no se tuvo, lo que no se perdió. El aborto de lo posible es la pérdida desabrida.

Saudade, dicen los portugueses. Jodidez digo yo.


RT

lunes, octubre 05, 2009

Escribir de madrugada

Lo he dicho ya, este es un diario de desvelos. No aspiro a escribir las luces de una nueva ilustración o encender las llamas de alguna revolución (y miren que estamos tan cerca del 2010).

Quizá sea modesto el cantar a los dormidos y hacer una Manifiesto por los insomnes de esta ciudad terrible que aparenta paz aun cuando en alguna calle se escuche algún grito desesperado.

Esta es la carta a los que nos sabemos dueños de la plaza, como el loquito de Cinema Paradiso, amos y señores del eco y el tenue frio de las primeras horas que parecen las últimas de un día que alargamos. Acá somos otros, los poetas, los genios, los valientes que murieron en algún campo cuando soñaban con la bala que esquivaban. Acá los danzantes, los mil máscaras, los que pintan en la piedra de alguna caverna en la soledad del desierto del valle de Kino.

Uno escribe no porqué si (para eso estan los burócratas), sino por alguien que espera recibir un dia un verso decente. Esa es la verdadera historia del amanecer, la lucha condenada de un pobre escritor que no le alcanza para pagar la musa y sólo tiene un recuerdo, una estampa que de verla se le gasta...

Quisiera decirte mil cosas con talento, mil y una como las noches del cuento. Pero soy un pobre escritor y no me alcanza para la musa, solo tengo mi madrugada y este diario de desvelos para mandarte a la noche que ya me olvida unos cuantos versos que esperan ser todavía parte de tu sueño, para que te arrullen, para que te quieran, para que te digan el "Buenos días" y me traigan tu "¿Cómo estas?" de vuelta.

Soy ese pobre escritor que no para de pensarte y que de tanto, ya se le pasó la noche y su poema, y sólo le queda el deseo de ver tus ojos: ojos entre azul buenas noches y verde buenos días.

Rafael Tobias

martes, julio 14, 2009

That's the deal!



"Why love, if losing hurts so much? I have no answers anymore: only the life I have lived. Twice in that life I've been given the choice: as a boy and as a man. The boy chose safety, the man chooses suffering. The pain now is part of the happiness then. That's the deal."
C.S. Lewis

miércoles, julio 08, 2009

Vengo a decirte adiós para olvidarte.



Un poema sirve para saludar y despedirse. En medio sólo hay prosa, cadencia de presente, rutina de olvido. Los poetas siempre nos equivocamos, pensamos en el amor no como un hecho, sino como un propósito, un deseo... Ya lo dijo Bonifaz:

Vamos desesperadamente
perdidos, tendiendo los brazos.
Buscamos sin hallar, pidiendo
en vano siempre, recordando,
llamando sin que nos oiga.

Los poetas pedimos contemplar más que tocar; no deseamos terminar con lo que admiramos; somos escultores del tiempo y no fotográfos...

Hoy aprendo a mirarte,
a estar contigo, a saber deslumbrarme,
crédulo, humilde, abierto, ante el milagro
de mirarte subir una escalera
o cruzar una calle.

Sólo los malos corazones se aburren...


Rafael Tobias

lunes, junio 22, 2009

Es curioso...


La poesia tiende a ser ridícula... 




domingo, mayo 17, 2009

La muerte de un poeta para necios



Todo ser humano ha querido ser poeta alguna vez, a la luz de unos ojos o de un día que agoniza, cuando se mata su ilusión o amanece un pensamiento. Todos cuando amamos, cuando odiamos, cuando sólo tenemos una noche o cuando parece que todos los días son lo mismo. El poeta es la vocación perdida de quien mira una obra de arte, aunque nada entienda, aunque nada sepa, pero sabe que tiene que mirarla. El deber que nos impone la belleza, nuestro paraiso perdido, el Dios que nos pregunta nuestro nombre.

Aspiración de todos e inspiración de muy pocos, así es la poesía. He ahí porque la muerte de un poeta es en sí mismo un poema colectivo, cuyos versos son los recuerdos de sus lectores; letras que susurran miradas, horizontes y vasos vacios, colillas y guitarras que se estremecen. Son nuestros poetas los que nos prestan las palabras que nos salvan de la mediocridad y nos hacen dignos de nuestros sentimientos, sean terribles o altísimos.

Hoy se nos fué el maestro Benedetti. Imagino que arrugado y cansado, imagino que sonriente y quizá aventurando una última broma de color y coqueteo a la dama que tenía enfrente. Y es que don Mario escribió mucho y muchos poemas, pero los que me prestó a mi, el aspirante sin mucho talento, fueron quizá los más simples y los más mundanos, aquellos que escondido en las sábanas de mi esnobismo, leía y releía; aquellos que no necesitaban un diccionario ni fumarse la tinta para entender o suponer que uno entiende. Benedetti no era un poeta de claustro ni de cursos avanzados de letras. No salía en mis pláticas más brillantes o en mis devaneos intelectuales. No le suponía el verso perfecto ni la rima clásica o de la vanguardía que uno presume para quedar bien con quien se dice saber de arte y de tendencias. No, Benedetti no era de tendencias ni de galerías caras. Mario era poeta de la edición barata, del Samborns, del puberto que sustrae versos para impresionar los braquets de su novia. Poeta de calle, de metro, de cafetería universitaria mal surtida. Poesía para aventar en una manifestación del CCH o para hacerle al cuento de la rima que se plagia. Escritor que lo mismo entiendes tu con todos tus títulos que la niña de sueter verde que suspira porque el hijo del carnicero le dijo: "poesía, y tu me lo preguntas, poesía eres tu". Bécquer tampoco es un gran poeta.

La grandeza, esa de los napoleones y los cesares, esa del marmol y de las alturas, de esa nada para Benedetti. Don Mario es nuestro, de los infames sin talento que queremos ser dignos de nuestros sentimientos al apuñalar al enemigo o al amar a la dama de todas nuestras noches. Para nosotros, los más, los demasiados, los que sólo estamos porque sí, los que no vinimos a cambiar el mundo y sólo a trabajarlo; para nosotros que amamos sin más complicación y matamos a la menor provocación, para nosotros fue don Mario y todos sus poemas; para él esta elegía que termina necesariamente en una nota de agradecimiento antes de la cena y con un poema de él que también es para alguien...

Informe Sobre Caricias



1
La caricia es un lenguaje
si tus caricias me hablan
no quisiera que se callen

2
La caricia no es la copia
de otra caricia lejana
es una nueva versión
casi siempre mejorada

3
Es la fiesta de la piel
la caricia mientras dura
y cuando se aleja deja
sin amparo a la lujuria

4
Las caricias de los sueños
que son prodigio y encanto
adolecen de un defecto
no tiene tacto

5
Como aventura y enigma
la caricia empieza antes
de convertirse en caricia

6
Es claro que lo mejor
no es la caricia en sí misma
sino su continuación

Rafael Tobias

jueves, mayo 14, 2009

Neruda reloaded

A veces es dificil entender un poema. Y es dificil porque te das cuenta que no tenías idea de lo que se trataba hasta que un día creyéndote inspirado, se te ocurre algo y empiezas con unas frases que se te hacen ingeniosas y osadas, dignas de un gran poeta. Escribes y sonries, y te parecen perfectas y sientes que estas ante el dictado de lo sublime.

Y si, entonces lees lo que escribiste, lo muy tuyo, "¡oh experiencia incomunicable!" piensas tu. Entonces de lo lejos la memoría que a todo le da un aire de tristeza te susurra un "deja vú", y sabes que tu maravilla y tu pesadez son también las palabras de otro o de muchos a la vez. Hilachos de poemas, como super novas hace mucho tiempo explotadas en el misterio de tu pensamiento. Ahí, palabras más, palabras menos, palabras de otros que de forma traicionera ahora también son tuyas.

Entender un poema es olvidar que lo aprendiste, olvidar que alguna vez lo leiste. Es escribirlo pensando que es tuyo sólo para que, al instante siguiente, pierdas la amnesia y sepas como el bíblico Moises ante la vista de la tierra prometida que jamas habría de pisar, que la dicha de lo sublime es ante todo reconocerlo.

Y todo esto, porque hoy llegué de madrugada, conspirando contra la noche de los poetas que no acaba y me salió una frase genial:

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche..."

R Tobias

lunes, abril 20, 2009

¿"Extrañar" es un verbo o un sustantivo?



Asomado al dintel y con el puro y con la boina, el viejo sorbía un café negro, que en el crepúsculo era una patina de bronce.

Pasaba por ahí pensando en mi novia y me entró lo filosófico a la Arjona y cuando pasé le grité:

"Oiga don Mateo, que opina, "Extrañar", ¿es un verbo o un sustantivo?"

El don da una bocanada, sorbe y sin mirarme sonrie mientras dice:

" Ah que muchacho... Pregúntele a Lisboa... o pregúntele usted a ella,
que le puedo decir yo, solo soy un poeta..."


RTobias


Acerca de mí

COSAMOSTRA es el heterónimo colectivo de 7 que se encontraron por azar, se reunen por necedad y han decidido escribir por necesidad.
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