martes, diciembre 11, 2007

Retratos de María Font (I)


Maria Font, así le digo. Así me gusta recordarla. El nombre se lo robé a un personaje de Bolaño. Y es que el escritor me ha jodido la mente en estos meses; de alguna forma intento encarnar sus historias en la mía; y sus rostros; y sus delirios. La realidad, por otra parte, no me ayuda: parece su cómplice. Como en aquella historia de Michael Ende, pareciera que al leer sus retazos estos se cosieran a la trama de mi vida. En ese contexto conocí a Maria Font. Así me gusta llamarla. Y así se las describo:

Maria sólo tiene hermanas (aunque algún medio hermano según entiendo); tiene una casa bonita y un jardín que ahora es más cochera que jardín. En el fondo (Bolaño me persigue) una cabañita donde antes había dos camas y ahora una sola pero matrimonial. Las historias de la cabañita son bolañescas.

Maria no es poeta. Pero lo parece. Su papá podría ser arquitecto. María dice que tiene poco busto. A mi me parece decente. Y a la verdad, como una vez le dije, sus ojos grandes, como moros, distraen lo suficiente como para no fijarse en otra cosa. Excepto, claro esta, si te sonríe. Su sonrisa no la cuento, es mi secreto. El rostro de Maria es como triste. Aunque ella no lo sea. De esos rostros que parecen de otra época y que la felicidad pasó demasiado rápido por ellos dejándoles solo la belleza de la melancolía.

María es tímida. O es como dama. O es como aristócrata. A mi me gusta a pesar de que continuamente me siento torpe a su lado, como cuando acaricié su piel so pretexto del frío y pensé en decirle un poema sobre su piel pero los demonios de mi simpleza me inspiraron tan solo una alegoría estúpida sobre la piel de las gallinas. En mi defensa les digo que ella me sonrió. Y es que ella es linda por donde se le vea. Sus viajes por el mundo la han hecho un tanto sensible, un tanto sencilla y un tanto, para bien de mi causa, tolerante.

Mucho puedo escribir sobre ella y en algún momento ameritará un poema. Hoy me siento tan incapaz como cualquiera, como el de a pie que se idiotiza ante lo que no comprende. Tan sólo sirva este escrito para dejar testimonio que la poesía que uno lee es siempre profecía autocumplida en alguien que se vuelve como un sueño que persiste; recordando para el caso el final de un poema de Bonifaz Nuño que se lee:

“Mayo contigo me ha mirado, octubre
Me quiebra sin remedio; nos separa;
Y yo pienso en tus ojos todavía.”

Rafael Tobias

2 comentarios:

patzarella dijo...

Rafa, por aki saludando !!!
arrivederci Tobías !! jaja

H. Bustos Domecq dijo...

Este post lo descubrí a principios del 2010, a raíz de que yo también había apodado a una chica que conocía de la misma manera. Un amigo puso "maría font" en el buscador y apareció esto.
Comparto plenamente esa sensación de alienación de cuando uno lee Los Detectives Salvajes. Todo cierra en esos parámetros (aunque transcurra en méjico y yo sea de buenos aires, aunque yo viva una vida tan distinta a la de García Madero o Ulises Lima).
Este escritor me convierte en fanático. Fanático suyo, de la literatura, de todo. Es difícil desembarazarse de esa novela.

Acerca de mí

COSAMOSTRA es el heterónimo colectivo de 7 que se encontraron por azar, se reunen por necedad y han decidido escribir por necesidad.
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