miércoles, octubre 27, 2010

Escribir como exorcisar



"o, beware, my lord, of jealously!
It is the green monster which doth mock,
The meat if feeds on."
Iago. Act III, Scene 3.
Othelo, Shakespeare



Así como el hombre entra a la política porqué siente que algo le falta, el escritor realiza lo suyo porque siente que algo le sobra.

Algo incómodo o algo que lo asfixia, a veces algo como una sonrisa o una lágrima.

Nuestro gremio es el de las soledades concurridas que piensan en escribir para ver si en alguna letra se queda aquello que las acompaña como sombras de medio día.

Hoy por ejemplo no aguanto la bola de pelo en la garganta; quizá sea un corazón roto que busca caerse de nuevo. Quizá sea la esperanza que se asfixia.

Diría algún verso:

"Cenizas y soles que caen, angustía de colibrí que no vuela demasiado rápido"-

Todos nuestros versos, todos para exorcisar una idea, un aroma o una cabellera negra.

Este que no es verso, para exorcisar los celos; celos de un idioma extranjero y de un fantasma que no conozco pero me acecha como sombra de medio día.

Rafael Tobias

3 comentarios:

H. Bustos Domecq dijo...

Me gustó el post. Siento cosas similares respecto de la escritura muchas veces.
La imagen de las sombras que nos acompañan y que queremos dejar en las palabras.. muy buena.
Kafka decía que escribía un diario para extirpar la ansiedad. Bioy Casares escribía regularmente en un diario personal; sentía que un día sin escribir era un día perdido.
Yo escribo cuando me nace, porque creo que es un buen ejercicio, y porque me gusta.

La Cosa Mostra dijo...

Una razón, la mejor, es la simple estética de vernos en nuestras letras, como fotografías nuestras, con pasado pero sin un futuro; por ello causa tanta nostalgia el llevar un diario, porque en todo lo que uno escribe el tiempo se petrifica para que no muera el instante. Pero tampoco vive. En ese sentido La eternidad es la más bella agonía.

Te agradezco el tiempo a la lectura y tu comentario, seguimos la conversación.
Rafael Tobias.

H. Bustos Domecq dijo...

Es difícil eso de que no muera el instante eh. Porque el instante lo puede trascender a uno, pero lo ideal sería que a uno le guste esa trascendencia, que uno esté satisfecho con eso que deja.
("un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar" dijo Borges.)
Traducir algo a palabras (lo que sea), ser el intermediario de ese pasaje entre ESO y el lenguaje... es una apuesta bastante audaz.
Sin embargo, arrogantemente, lo hago: dejo mis cosas escritas en papeles que casi nadie lee. Como dijiste en el post, me exorciso de eso que duele y atormenta.

Acerca de mí

COSAMOSTRA es el heterónimo colectivo de 7 que se encontraron por azar, se reunen por necedad y han decidido escribir por necesidad.
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